«Fue un día memorable, pues obró grandes cambios
en mí. Pero ocurre así en cualquier vida. Imaginémonos
que de ella arrancáramos un día especial y pensemos en lo
distinto que podría haber sido su curso. Deténgase el lector
y piense por un momento en la larga cadena de hierro
o de oro, de espinas o flores que, de no ser por la formación
del primer eslabón en un día memorable, jamás le hubiese
atado.»
«Al principio te sentarás un poco lejos de mí, en la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca… Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres ya empezaré a ser feliz. A medida que avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me angustiaré y me sentiré inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Tiene que haber ritos.» (El Principito)
Siempre he tenido ganas de ti.
Tengo ganas de ti, por todo lo que he imaginado, soñado, deseado.
Tengo ganas de ti, por lo que se y aun mas por lo que no se.
Tengo ganas de ti, por ese beso que aun no te he dado.
Tengo ganas de ti, aunque nunca te he probado.
Tengo ganas de ti, de ti entero.
De tus errores, de tus éxitos, de tus equivocaciones, de tus dolores, de tus simples incertidumbres, de los pensamientos que has tenido y de los que espero que hayas olvidado, de los pensamientos que aun no tienes.
Tengo ganas de ti.
Tengo tantas ganas de ti que nada me basta.
Tengo ganas de ti y no se ni siquiera por que…
“Ser valiente tambien significa tener el coraje de decir adios a alguien que lo unico que hace es herirte, aun cuando sientas que no puedes vivir sin el”
Fabula “El Conejo y el León”
Augusto Monterroso - La Oveja Negra y demás Fabulas.
Un célebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.
Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no sólo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con las de los humanos.
Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.
En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó vomo lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.
El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbr y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.
De regreso a la ciudad el célebre Psicoanalista publico cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal más infantil y cobarde de la Selva, y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al Universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.